Las masas, ese grupo tan odiado por aquellas personas que piensan por su cuenta, y tan amado por la penosa clase política actual, es, a mi juicio, el motor del cambio tanto político, como social, como económico.
El combustible para dicho motor es, como afirma Stéphane Hessel en su libro, la indignación. Una indignación hacia lo que está mal, hacia la injusticia, la intolerancia, la indiferencia o incluso hacia la crisis económica.
Esa indignación debe ser moderada y controlada por un líder carismático, ya que hay muchas personas que forman parte de dichas masas y que, o bien, no desean pensar por si mismas, o bien no pueden hacerlo, por lo tanto una figura que los guíe se hace necesario. Esta figura sería la encargada de aumentar el sentimiento de indignación y hacer que dichas personas indignadas actuen.
Dicha actuación siempre sería de forma pacífica, ya que el proceso debe recorrer una serie de protestas (manifestaciones, huelgas...) para alcanzar el objetivo.
Un objetivo llamado sociedad moderna, dinámica, activa, tolerante, pacífica, etc. Una sociedad en la que no existirán esas grandes masas, que serán claves en el cambio, pero que al producirse desapareceran dando lugar a individuos que piensan de forma independiente. Al desaparecer las grandes masas también desaparecerán las grandes organizaciones que se apoyaban en ellas, como por ejemplo los partidos políticos, la iglesia (que desaparecería como institución pero no la religión que sería respetada), los medios de comunicación masivos (que sólo adormecen y promueven la estulticia entre las personas), etc.
La verdad es que es un proyecto arduo y dificil, pero a su vez, ilusionante. Es el momento de actuar ya que el sistema se tambalea y si hacemos caer la base (las masas) todo el edificio caerá. Y aquí me despido con una de los esloganes para el cambio: "¡INDIGNAOS!"
Fabián Portillo Palma a 13 de Marzo de 2011.
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