domingo, 7 de agosto de 2011

Revolución y comunismo

En pleno siglo XXI el comunismo y las doctrinas marxistas han quedado un poco en desuso. La caída del muro de Berlín y en consecuencia de la URSS y el bloque comunista marcó el "fracaso" del comunismo como sistema político, económico y social. Desde entonces todos han repudiado y rechazado esta ideología, en la gran mayoría de los casos sin saber exactamente que defendía.
El comunismo real del siglo XX poco tiene que ver con el preconizado por Marx y Engels. El comunismo soviético se asemeja más, y sobre todo en tiempos de Stalin, al fascismo italiano y, sobre todo, al nazismo alemán. Desde mi punto de vista, es el momento de romper con estigmas absurdos, de desterrar esa imagen del comunismo que poco tiene que ver con la verdadera ideología comunista.
El mundo del siglo XXI necesita una alternativa a la dictadura de los mercados, al mundo neoliberal que se va a la quiebra y que pretende llevarse a todo el planeta consigo. Hoy más que nunca el mundo necesita de personas honestas y que sientan y comprendan la época en la que les ha tocado vivir. Esta comprensión implica el entendimiento de los graves problemas que tiene el planeta y la humanidad y el intento de buscar una solución.
Sé que para alcanzar el Estado Comunista se necesitan muchos sacrificios, pero si quieres algo, algo te cuesta. El planeta está harto de nosotros y nuestros abusos; de los grandes países capitalistas y derrochadores.
Hoy más que nunca, con esta brutal crisis económica que padecemos, y que deja a miles y millones de personas en paro y con multitud de deudas, muchas personas se han dado cuenta que el sistema está caduco, que a este ritmo no aguantará mucho más, porque es un barco con multitud de grietas. A pesar de que muchos ya han entendido los problemas de la Tierro sólo unos pocos son capaces de plantarle cara y decirle NO al sistema, y crear a una minúscula escala una alternativa de vida.
Analizando la situación actual, y dejando a un lado la crisis que nos asola (tanto económica, como ética y moral) me he dado cuenta que la única forma de cambiar las cosas es mediante una revolución total (política, social, cultural, económica).
El canalizador de esa revolución será un grupo de poder alternativo al legítimo, que agrupe bajo la misma bandera a los molestos, indignados, hartos, y demás personas que desean un futuro mejor.
Los comunistas también estarán ahí, serán, una vez más, la primera línea de la revolución. Esta revolución que acabará con la opresión del hombre por el hombre, con el racismo, la xenofobia, la homofobia, el maltrato a la mujer y demás problemas que asolan a esta, nuestra sociedad. En definitiva, esta revolución propondra un futuro mejor, una alternativa al consumismo voraz, al capitalismo sin frenos, un sistema de reparto igualitario de las riquezas, un orden en el que no haya clases sociales, porque sólo existiran seres humanos.
Como punta de lanza de la revolución, el comunismo debe ponerse en marcha, con un programa político, social y económico renovado que atienda a las necesidades del ciudadano del siglo XXI. El quid no está en llevar a cabo al pie de la letra lo que se propugna en el Manifiesto de Marx, sino consiste en entenderlo, interpretarlo y ajustarlo al nuevo milenio.
Es el momento de que el proletariado, que está harto de todo lo que le rodea, se vuelva a unir. El objetivo será una democracia participativa, el reparto igualitario de la riqueza entre los países ricos y los pobres (y en consecuencia entre los ricos y los pobres de cada país), el fin de la opresión del hombre por el hombre mediante la colectivización de los medios de producción, etc, etc.
Se nos presenta una década apasionante, en la que queda mucho trabajo por hacer, y en la que sólo con la ayuda de todos lo conseguiremos. Se trata de un futuro mejor para todos y para los hijos de todos. Por eso me remito a la mítica frase del Manifiesto de Marx:
"Proletarios de todos los países, uníos"









Fabián a 8 de Agosto de 2011.

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