miércoles, 11 de mayo de 2011

Una Revolución, por favor

Introducción

Parados, pobres, ricos más ricos, quiebra, corrupción política, ciudadanía callada… eso es lo que nos encontramos hoy en día, en un periodo que nada tiene que ver con lo que soñamos, ni con lo queríamos. Los parados, esas 4900 millones de personas, que quieren y no pueden, a los que se les quita la casa, el coche, que no tienen para comer, ni para cuidar de sus hijos, ¿Por qué?
Esos grandes empresarios, que sufrieron un duro golpe allá por el año 2008, pero que poco después comenzaron a recuperarse, mediante empresas clandestinas, negocios poco fiables, y sobre todo, con el masivo despido de sus trabajadores, que no tenían la culpa de nada de esto.
Los políticos, que no son ni la sombra de lo que fueron antaño, que hoy, en lugar de buscar juntos el bienestar de la población, solo buscan el suyo propio y el de su partido. Atacando, injuriando, defendiéndose, ese es su método de actuación, cualquier tema es bueno para achacar y criticar los hechos del contrario, da igual que sea el terrorismo, como que sea la construcción de unos aparcamientos.
Y con este panorama, nos encontramos que la ciudadanía se calla, no actúa. Prefiere ser ninguneada, maltratada, acorralada, solo se arrodilla ante los grandes, y no es capaz de plantarle cara. ¿Dónde está? ¿Dónde está ese pueblo tan característico del siglo XX, que salía a la calle, protestaba, era capaz de poner en jaque a un gran país, que impuso regímenes que le ayudarían, que fue capaz de vencer, junto con las armas, al gran fantasma que asoló a la humanidad y que estuvo a punto de destruirla, y que provocó la entrada en un mundo que se tambaleaba, con los repentinos tirones, desde un polo al otro? Las personas, la sociedad, ha perdido esa lucha, esa característica tan maravillosa, ahora vive en una burbuja de comodidad, de la que no quiere salir, ya que lo tiene todo. Una sociedad donde se controlen los pensamientos por ordenador, donde cada persona compre un tipo de lágrima para llorar, donde las personas dejen de ser seres humanos y nos convirtamos, en máquinas, capaces de pensar, pero no de sentir, ese mundo o esa sociedad, según se quiera llamar, está muy cerca, y más sino cambiamos.

La Indignación y las masas: motores del cambio


Los motivos para el cambio están ya muy claros, pero lo que no está tan claro es cómo alcanzar ese cambio. Comencemos exponiendo la materia prima de ese proceso: las masas, culpables, en parte, de este estado de comodidad, deben de ser, y son, el gran instrumento para alcanzar esta nueva sociedad, en la que todos seamos hermanos, que sólo se compita en los deportes, y un poco en la economía. Esa sociedad en la que las diferencias, entre unos y otros, o bien, desaparezca, o bien, se reduzcan. Acabemos con los últimos vestigios del Antiguo Régimen, abajo las monarquías, la nobleza, que la sangre y el nacimiento no sean más que meras anécdotas, en el desarrollo de las personas, en su crecimiento y en su éxito en la vida. Acabemos, a su vez, con la diferenciación en la política, que no conviene a nadie, es hora de alcanzar la nueva política, una política en la que no existan derechas, ni izquierdas, sólo partidos que luchen por el bien de la población y el Estado, es el momento de una política con tildes nacionalistas, pero comunistas, a la vez, con tildes capitalistas, y conservadores, a los que se le sumen ideas socialistas y anarquistas. No es el momento de inventar nada, a estas alturas, todo lo está, es muy difícil innovar, se puede renombrar, pero crear concepciones totalmente nuevas, no.
El otro gran motor para el cambio, y este no es material, sino espiritual, es la indignación y el rechazo a lo que nos rodea. Como ya afirmó Hessel, en su libro, compartido por José Luís Sampedro y tantos otros intelectuales, la Indignación, y hablemos de ella en mayúscula porque realmente lo merece, debe ser la actitud de la juventud, de los parados, de aquellos que sufren porque no tienen, de los jornaleros, de los obreros, de los empresarios, de los políticos, de todos. Indignarnos ante esta burbuja de pasividad, completa y absoluta, en la que nos da igual ocho que ochenta, y en la que solo pensamos en gastar. Indignarnos ante esta sociedad de consumo, en la que las modas son las que mandan, y en las que personas luchan por ser iguales, en las que se asesina a la originalidad, que hoy en día está perseguida y realmente exterminada, hago una referencia a Ana María Matute (escritora que ha recibido el premio Cervantes hace poco), ya que ella, tras serle entregado este prestigioso galardón afirmó, que “aquel que no crea, no vive”, y a esto me remito.

La difusión en manos de grandes oradores y de Internet.


La indignación debe ser controlada, medida y utilizada por las personas realmente capaces. Unas masas indignadas son lo más peligroso que ha conocido la humanidad, ni la bomba de Hiroshima se asemeja a ella, por eso es el momento de recurrir a los grandes oradores, es vuestro momento, regresad al panorama político y social, del que nunca deberías de haber salido.
Vosotros, con el don de la palabra, debéis conseguir que esa indignación sea controlada y siempre pacífica, debéis guiar a las masas hacia un destino que no tiene nada que ver con este, un destino ideal, para el cual hay que sufrir, ya que un largo camino nos espera. Es el momento de resucitar el pacifismo de Gandhi, el “I have a dream” de Martin Luther King, y tantos otros movimientos que han escrito nuestra historia.
La sociedad se debe dar cuenta de que tiene en la mano el cambio, de que con movilización se consigue. La verdad es que hoy en día los medios de propagación de una noticia, movimiento, etc, son mucho más amplios que en la antigüedad: si bien a finales del siglo XIX y hasta mitad del XX, las informaciones y los pensamientos se transmitían a través de la prensa escrita y de la radio, esta información sólo llegaba a una región, y solo si se convertía en algo de extremada importancia, llegaba a un país, y ya si era una noticia catastróficas traspasaba fronteras, océanos y continentes hasta llegar a todo el globo; hoy en día, cualquier tipo de información, pensamiento, corriente artística, se transmite en cuestión de segundos por este medio tan perfecto como es Internet.
Por eso, Internet, es otro medio de difusión muy importante al que hay que sacarle partido, porque la única manera de indignar a las masas, es ponerles a su disposición todas las ideas, para que empiecen a comprender el proceso en el que están involucradas, y tomen partido de ella cuanto antes.
Pero, volviendo a repetir la idea, Internet es básico, pero para que las personas busquen en él, y se interesen por todas las ideas, por el movimiento, es necesario la figura de un orador, un orador influyente, que atraiga a las personas con el mero hecho de hablar, que consiga que las masas tomen conciencia de lo que están haciendo los grandes de este mundo, y sobre todo de cómo ellas lo permiten.

La New Policy y la Revolución Cultural.

Un concepto que ya he dejado caer aquí es el de la Nueva Política, o New Policy, como dirían nuestros amigos anglosajones. Es un concepto, que como su propio nombre indica, es renovador y revolucionario en algunos aspectos. Con él me quiero referir al nuevo sistema político, a la nueva clase política, etc, que surgirá tras la toma del poder por parte de las masas.
Un sistema político, cuyo concepto más innovador será la no existencia de partidos políticos como tal, que puedan presentarse en las elecciones, ya que es el momento de que sean personas capaces y comprometidas realmente con el bienestar del país, las que tomen las riendas de estos ferrocarriles descarriados, que son ahora mismo el Estado. El gran lastre de los partidos políticos actuales, a parte de la gran corrupción existente en ellos, es que son grupos en los cuales no interesa lo más mínimo el bienestar general, sino que solo les preocupa el resultado de las elecciones, y seguir en el poder durante todos los años que puedan. Y para ello, en lugar de dejar claro su ideología, los proyectos ha llevar a cabo, se dedican única y exclusivamente a atacar al contrario y a sus malas acciones.
Un sistema aristocrático, en el que el pueblo vote, a unos candidatos predeterminados, por sus éxitos y logros en campos como la salud, la economía, la política, la filosofía, etc, es realmente el futuro del estado de derecho. Una democracia que desde que echara a andar en la Grecia Clásica, ha sufrido constantes e importantes remodelaciones, que la han adaptado a los tiempos, y ahora es cuando le toca, otra vez, pasar a revisar las ideas con las que se ha mantenido durante más de medio siglo.
Otro concepto de los que se incluye en esta New Policy, es la idea de que, al trabajar por el bien de todos, los derechos sociales sean algo inalienable, que vengan inscritos en las personas al nacer. Eso es otro de los pasos que nos llevaría a conseguir, un mayor bienestar en el trabajo y, a su vez, una mejora en la producción, ya que si los grandes magnates y propietarios, respetan y tratan a sus trabajadores como se merecen, estos se lo agradecerán trabajando mejor y más rápido, llegaríamos a un estado de cordialidad entre propietarios y trabajadores, que beneficiaría a ambas partes, y en consecuencia al Estado.
Son conceptos bastante sencillos en la teoría, pero muy difíciles de llevar a cabo, ya que al intentarlos chocamos con las grandes instituciones que existen en la sociedad, y que la gran mayoría de las personas tiene por algo natural, que no se puede ni cambiar, ni atacar, y ni mucho menos destruir.
Para conseguir todo esto, hay que llevar a cabo una Revolución Cultural, y perdónenme por usar un vocabulario tan maoísta, pero es que ese nombre refleja claramente lo que se quiere: un proceso de adoctrinamiento, para hacer que los componentes de las masas se den cuenta de lo que pasa y de la altura de los tiempos en los que les ha tocado vivir, y si no empiezan a pensar por si solos, por lo menos que lo hagan en bloque. Una revolución en la que la bandera sea la cultura y la ciencia, en la que se enseñe el gran esfuerzo y dificultad que supone la creación artística y literaria, la investigación, el planteamiento de teorías, etc, dejando de verlo como algo natural, que ha estado ahí desde siempre y seguirá estando por los siglos y los siglos, y comenzando a verlos como lo que son: las grandes maravillas del ser humano.

La Revolución Económica y Social.

Tras la Revolución Cultural viene una Revolución en los demás ámbitos de la vida de un Estado: una Revolución Económica y Social.
La verdad es que con respecto a la económica mis ideas son bastante superfluas, debido a mi ignorancia y desconocimiento de las claves de la economía, pero me voy a remitir al hecho moral del trabajo, que trae consigo beneficios en la economía. Una economía bastante maltrecha, en la que se está demostrando que el Neoliberalismo ha fracasado, aunque los que aún siguen enriqueciéndose se nieguen a reconocerlo. Una economía en la que el Estado no tiene nada que ver con ella, y que por lo tanto se regula a sí misma favoreciendo siempre a aquellos/as que hacen que sea posible: Los Bancos y las Multinacionales.
Esta tipo de economía consiste en llevar al más absoluto extremo el capitalismo, que de por sí no es tan malo. Al llevarlo al extremo, pasan a ser las grandes empresas de un país las que controlen a los gobiernos, provocando que sean los ciudadanos los más vulnerables. En época de bonanza, nada importa, porque todo va bien, las personas tienen empleo, sueldos altos, lo que les lleva a consumir más, y a que las empresas se enriquezcan; pero ahora bien, todo se tergiversa y se complica en situaciones en las que el sistema colapsa, como la actual, y se ve obligado a buscar medidas para volver a la situación de bonanza. Como ya he dicho, las personas, o mejor dicho los ciudadanos medios, son los más indefensos ante esto, ya que estas políticas neoliberales llevan a una reducción masiva del gasto público y la deuda estatal, recortando de sectores importantes, con el masivo despido de trabajadores, a los que no habrá que pagar un sueldo, etc. Esto es todo lo contrario a la corriente Keynesianista, que al defender una intervención del Estado en la economía en tiempos de crisis, provoca que las políticas llevadas a cabo para solucionar la situación pasen por un incremento del empleo, aumentando la deuda, y sobre todo manteniendo los derechos básicos, o ese tan famoso Estado de Bienestar.
Este último modelo se asemeja a ese Estado ideal, porque el capitalismo funciona cuando se consume y el dinero pasa rápidamente de unas manos a otras, y en esta economía tan Neoliberal, en momentos de crisis lo único que toca es apretarse el cinturón y gastar lo menos posible, dañando al propio sistema, al que según ellos pertenecen.
La Revolución Económica pasa por esto, recuperar viejos principios del gran economista británico Keynes, e intentar adoptar algunos aspectos positivos tanto de la economía planificada o comunista, y la Neoliberal (aunque de esta pocos haya), pero siempre manteniendo como base el Estado de Bienestar.
Con respecto a la sociedad, la revolución se hace cada más necesaria, una revolución que le devuelva al ser humano la capacidad para pensar y reflexionar acerca de todo lo que le rodea, y no pierda ese gran coeficiente en cuestiones tan banales como en las que hoy lo pierde.
Dentro del concepto Revolución Social, se encuadran varios aspectos, en los que es importante reflexionar y hacer hincapié: el primer paso es una nueva estatalización de la sociedad, la sociedad de hoy no debe de estar dominada por las posesiones y las riquezas que se tengan, es el momento de acabar con clases sociales superiores, es verdad, que la idea tan idealista y tentadora de tantos movimientos de índole socialista o marxista de acabar con las clases sociales es una utopía, pero la idea de dividir la sociedad en Sindicatos, o la idea desarrollada en la URSS de la división en Soviets, es algo muy real y que se encuentra a la mano. Personas encuadradas en grupos según su ocupación laboral, sería la nueva división de la sociedad. Una sociedad con cuatro sindicatos mayores, con sus respectivos sindicatos menores, que se dividirían en los tres sectores laborales en los que se divide el trabajo: Sector Primario, Secundario y Terciario (este último subdividido en Salud y Servicios). Cuatro grupos diferentes, pero a su vez iguales, ya que hacen falta tanto campesinos y obreros, como grandes cirujanos y abogados; el otro concepto se puede incluir tanto en la Revolución Cultural como en esta, es la idea de potenciar la creatividad del ser humano, y volver a encontrar un homo habilis, hábil en muchos aspectos de la vida, que no desprecie el trabajo de aquellos plasmadores de sueños, y que busque, por encima de todo, la originalidad y la autenticidad. Cosa que está bastante perdida en esta sociedad de masas, en la que la información es hecha por y para las masas y el consumo, también recibe, casualmente, el adjetivo de masas.
En definitiva el proceso, tanto en lo económico como en lo social, es arduo, cosa que no me quita las ganas de luchar, me remito un poco a Nietzsche, la realidad se basa en la voluntad de poder, y como nosotros somos realidad, vamos a mover nuestra voluntad hacía algo que nos sea más propicio.

Epílogo

Bueno, este es el final de esta reflexión en la que, siempre desde mi ignorancia e incultura, intento mostrar la realidad social, política y económica existente, tanto en este país, como en toda la Unión Europea y como en el resto del mundo. Como cierre a estas páginas me gustaría acabar con un llamamiento a la indignación, al igual que Hessel, y animando a la actuación para conseguir el objetivo de una vida mejor.



“Europa no tiene remisión si su destino no es puesto en manos de personas realmente contemporáneas, que sientan bajo sí palpitar todo el subsuelo histórico, que comprendan la altura de los tiempos del Presente y que desprecien todo gesto arcaico y silvestre”.

La Rebelión de las Masas, José Ortega y Gasset.





Fabián Portillo Palma a 11 de mayo de 2011.

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