jueves, 21 de abril de 2011

¿Ha supuesto el progreso tecnológico, un progreso moral?

¿Ha supuesto el progreso tecnológico, un progreso moral? Ante esta cuestión, hay que plantearse varias realidades o respuestas, ya que la moral, en sí, se divide en varias partes. Si nos centramos en la religiosa alcanzaremos una respuesta, si por el contrario, vamos a la moral ciudadana encontraremos otra, y si nos vamos a una moral más general, encontraremos otra. Por eso, es necesario exponer las tres partes detalladamente, y alcanzar en cada una de ellas una respuesta clara y concisa.

Desde un punto de vista religioso, mi respuesta a la pregunta es muy clara, ya que no sólo no ha supuesto un progreso sino que el desarrollo ha acabado con la religión y todo lo que conlleva, porque como ya afirmó hace un par de siglos el gran filósofo alemán Fiedrich Nietzsche, “Dios ha Muerto”, y el culpable de ello, y esto lo afirmo yo, es el progreso y el desarrollo en general, y más, el desarrollo científico, primero, y el tecnológico, después. Partiendo de que Dios no es más que una mera idea creada por los hombres hace ya mucho tiempo para explicar lo que ocurre en la naturaleza, así como para juzgar nuestros actos y comportamientos, es algo obvio que ya ha perdido toda su función, en favor de la ciencia y la tecnología. Porque ya no acudimos a un ser sobrenatural y omnipotente para explicar el porqué caen rayos cuando hay una tormenta, o para explicar cualquier hecho natural, ahora, acudimos a las ciencias empíricas, como la física y la biología, para explicar que un rayo es una descarga electrostática natural, y que se origina cuando hay una tormenta.

Al mismo tiempo, el progreso es el asesino, tanto de la idea de Dios como de la moral con la que las distintas religiones nos intentan acercar a dicho ser. Por lo tanto, basándome en el cristianismo, que es la religión que mejor conozco, la moral impuesta en ella, de ama al prójimo, se buena persona, comparte, etc. También ha desaparecido, ya que no hay ese miedo ha ser castigado, o a tener que soportar una vida de sufrimiento por haberte comportado de una forma distinta a la impuesta por el soberano.
Así no nos preocupamos de si lo que hacemos es correcto o no, porque la figura de Dios, como el juez de toda la humanidad, ha desaparecido, y por lo tanto ya no nos surge ese sentimiento de ¿lo hemos hecho bien?, sino que sólo pensamos en si nos ha hecho bien a nosotros, mientras olvidamos uno de los principios que nos convierte en seres humanos, la sociabilidad. En este aspecto, la humanidad ha sufrido una recesión en la moral, mientras que nuestros conocimientos científico-técnicos aumentan con el paso de los días. Ante esto, surge una paradoja, ya que antes las personas contábamos con menos conocimientos, pero con más moralidad, basada en la mentira, pero moralidad, sin embargo, hoy en día contamos con muchísimo conocimiento y muy poca moralidad, lo que me lleva a pensar que el progreso con el que estamos alcanzando la verdad sobre las cosas, nos hace perderle el sentido a nuestra existencia, y por lo tanto a la moralidad religiosa, ya que dicho desarrollo nos presenta la vida como un proceso biológico que cuando acaba, acaba, es decir, no hay más allá.
En definitiva, la moral religiosa ha sufrido un paso atrás gracias al proceso tecnológico, y por lo tanto es conveniente buscar otro objetivo a dicha moral, y no el tradicional, ya que este era Dios, y como he afirmado Dios ha muerto.

Ahora bien, analizando lo que le ha dado el desarrollo tecnológico a la moral ciudadana nos damos cuenta de que tampoco ha supuesto un avance, eso sí, en este caso, todavía, no ha acabado con ella como ha ocurrido con la religiosa.
Partiendo de que el progreso tecnológico es un hecho, ya que sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor y observar la cantidad tan inmensa de “aparatejos” con los que contamos, y sin los cuales, muchos de nosotros, no seriamos capaces de vivir. Puedo afirmar, siendo un secreto a voces, que esta modernización tecnológica ha provocado un exacerbado individualismo, que a su vez ha provocado que exista un abismo entre los pudientes y aquellos que viven como pueden.
El individualismo nos está llevando a que cada persona viva su vida sin importarle lo más mínimo la de los demás. Tiene un aspecto positivo, que es la libertad que nos otorgamos nosotros mismos para pensar y actuar de la forma que consideremos oportuna. Pero a su vez, tiene un aspecto negativo, que es la actitud de indiferencia ante lo que nos rodea, lo que provoca, no sólo que nos manipulen más fácilmente sino que también nos hace que no nos demos cuenta de las barbaridades que se cometen casi cada día en nuestro entorno, y en definitiva, en todo el mundo.
Y centrándome en el abismo entre ricos y pobres, la verdad, es que esto no es nada nuevo, ni ha sido provocado por el desarrollo, pero éste ha provocado que la diferencia aumente casi cada día, y en consecuencia que aquellos que posean dicha tecnología dominen al resto, que a la postre, son la gran mayoría de los habitantes del planeta.
En esta sociedad tan globalizada y en la cual el dinero marca la línea entre el éxito o el fracaso, estamos asistiendo a una recesión de la moral ciudadana, ya que no atendemos a principios morales en cuanto haya dinero de por medio, y esto nos lleva a que las personas sólo piensen en el “siempre más”, es decir, en ganar más y más, o en ser mejor que los demás, otra de las características propias de nuestra sociedad que ha provocado el olvido de las normas cívicas en gran parte de las personas que habitan el planeta Tierra hoy en día.

Si nos centramos en una moral un poco más general, encontraremos que el progreso tecnológico, al igual que en los demás puntos, no ha hecho de nosotros mejores personas, sino que todo lo contrario. En este punto se entremezclan la empatía humana y un poco de la moral ciudadana, ya que el progreso ha aumentado nuestra capacidad aniquiladora tanto con la naturaleza como con el resto de la humanidad. Quizás, esta sea la menos perjudicada por dichos avances, ya que es la única con la cual todavía nos planteamos si nuestros hechos están bien o mal.
Si hacemos hincapié en el daño que estamos produciendo en la naturaleza con nuestros aparatos, siempre surge el debate sobre si es conveniente el uso de dichos artilugios que dañan el medio ambiente. La verdad es que nos lo planteamos debido a la cantidad de informes que predicen un mal augurio a la Tierra, si seguimos con nuestras prácticas. Y por eso, surge el debate entre nuestra comodidad, con toda la tecnología, y entre la vida de este maravilloso planeta. Sin embargo, seguimos dañando el medio ambiente, debido a que el poder tecnológico está en manos de “unos pocos” a los que no les preocupa el devenir del planeta.
Y si nos fijamos en nuestra capacidad de matar a seres semejantes, es decir, de matarnos entre nosotros, nos daremos cuenta de que el progreso ha provocado que cada vez se mate mayor cantidad, con una mayor velocidad y con el mínimo gasto. Lo que me lleva a pensar, que este progreso, si sigue por estos derroteros terminará por aniquilarnos a nosotros.
En definitiva el progreso también ha afectado a nuestra moral con el medio ambiente y con las personas, en este caso, todavía, seguimos planteándonos si lo que hacemos está bien, por lo que creo que esto no ha provocado un progreso moral, pero tampoco ha provocado un déficit de moralidad, como en los otros casos.

En definitiva, el progreso tecnológico ha acabado con la moralidad religiosa y nuestro uso de él ha provocado una recesión de la moral ciudadana. Desde aquí hago un llamamiento a todos para que no perdamos nuestra moralidad, ya que ciencia, tecnología y moral, son tres realidades muy compatibles, y a su vez necesarias en nuestra plena realización como personas.

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